lunes, 23 de mayo de 2011

Nuestro 15-M: el de todos


Se ha cumplido una semana desde que el domingo 15 de mayo se alzasen miles de personas contra el sistema político imperante y las malas prácticas de aquellos que forman parte de él. Han sido días maravillosos en los que los ciudadanos hemos demostrado que estamos más vivos de lo que nosotros mismos podíamos imaginar. Y lo seguiremos haciendo hasta que haga falta porque, como dice Cela, “no es lo mismo estar dormido que estar durmiendo”. Nosotros estamos despiertos y el día lleva camino de ser largo.

Exigimos una democracia real en la que sea el pueblo quien tome sus propias decisiones y en la que las personas estén por encima de los intereses económicos y financieros. La nuestra no nos representa. El pueblo no es consultado para las cuestiones importantes. Somos simples marionetas a las que cada cuatro años compran el voto. Nuestros políticos se han hecho los dueños. Se han crecido en su codicia hasta límites inaceptables. “El representante se ha creído el representado”, dice Xavier Caño Tamayo. 

No podemos más, pero tampoco lo queremos. Estamos indignados. Cada vez nos sentimos más alejados de una clase política que solo se preocupa de sus propios intereses en lugar de los de quienes les permitimos ocupar el poder. Nos quieren hacer creer que para mantener el Estado de Bienestar son necesarios recortes sociales pero, mientras tanto, se incrementan sus sueldos, se establecen pensiones vitalicias y se fijan dietas estratosféricas. Hoy día, los políticos son unos privilegiados, no por ser nuestros representantes, que ya podrían, sino por situarse por encima del resto de ciudadanos.

Estos días he llorado; he sentido; he vibrado. He pasado media vida esperando este momento para dejarlo escapar. Comprendimos que nuestro error fue esperar a que otros hiciesen algo que teníamos que hacer nosotros mismos. Y lo hicimos a tiempo. Sin banderas ni símbolos políticos, sin partidos que nos liderasen, hemos conseguido pasar de la indignación a la acción. Tenemos que luchar por lo que nos pertenece. Y para conseguirlo tenemos que ir todos de la mano. Ya habrá tiempo para defender intereses partidistas. No podemos permitirnos perder los derechos que con tanto esfuerzo consiguieron nuestros padres y abuelos. 

Hemos conseguido mucho, pero la lucha continua. El camino no ha hecho más que comenzar. Vamos a pasar momentos difíciles, momentos de incomprensión e, incluso, momentos de rechazo y abandono. Pero no debemos decaer. Nuestros principios como seres humanos son más fuertes que todos los obstáculos que se nos crucen en el camino. Estamos en la obligación de seguir hasta el final en nuestra batalla por conseguir un mundo mejor para todos en el que lo primero seamos las personas y todo se haga a nuestro alrededor. Un mundo que se rija por valores como la justicia, la libertad y la solidaridad. Y nadie nos lo puede impedir.


PD: perdonad que hoy hable en primera persona pero los acontecimientos me impiden hacerlo manteniendo distancia. La realidad me coge demasiado cerca como para desentenderme de ella

1 comentarios:

  1. “no es lo mismo estar dormido que estar durmiendo” es una muy famosa anécdota de Cela.

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